Mis días deshojados en letras.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Cap. 2016 pág. 84 de 366

7:52 Posted by MaRiani No comments
Un día normal, Andrea creyó estar  enamorada de un tipo que dijo su nombre de distinta manera, hasta parecía saborearlo. Se despertaba a diario con un suspiro y hasta imaginó una vida con él. Cargaba el amor ella solita, y a veces le dolía su espalda. Amar de un sólo lado hace que uno camine despacito, mientras ve al otro irse, moverse  a prisa sin voltearse. Andrea caminaba con la mirada en el suelo, por el peso de cargar el "amor" de dos. El silencio le hacía cicatrices, que ella creía que eran caricias. La intermitencia le provocaba melancolía y ella confundía con un amor recíproco inexistente. Recibía migajas, y con eso ella se llenaba, pues en sus manos no había espacio para más, estaban ocupadas cargando algo que sólo ella sentía. Un día, Andrea, notó que su carga se haca más pesada y el camino más largo. Tomó aire y alzó su vista de a poquito, él no estaba. La había abandonado no sé desde cuándo con todo lo que ella sentía. Ni se despidió, ni le dijo porqué, sólo se fue no se si hace una semana o un mes. Ella no lo sabía por estar mirando al suelo, ella no lo notaba porque el peso del amor era el mismo, porque el invierno no cesaba (aunque él estuviera), porque el silencio cortaba igual. Abrió los ojos y soltó su carga. Derramó ciento cincuenta lágrimas, todas con una razón, todas con un propósito. Eran gruesas y parecía que le abrían la piel de su rostro. Luego, notó que se sentía ligera, que podía caminar sin pesadez. Allí, junto a aquel adiós que la había hecho pedazos, floreció.
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